Royal Trux fue un banda de rock estadounidense fundada por Neil Hagerty y Jennifer Herrema. Más interesados en destruir que construir, su estilo básicamente consiste en invertir y parodiar los códigos del rock, ofreciendo una "musica" ruidosa, voluntariamente fea y caótica, aunque posteriormente optarían por una deriva más convencional y comercial.
De su numerosa producción, su segundo álbum, Twin Infinitives, es su obra maestra. En ella demuestran su enciclopédico conocimiento del rock, pues tocan, aunque mejor sería decir destrozan, todos sus subgéneros. Serían el equivalente noventero de Captain Beefheart, por su talento, su surrealismo y su capacidad de dar la vuelta a todo lo que asimila. Como la de su antecesor en la deconstrucción musical, es un disco difícil y no todos lo oídos lo soportarán. Ahora bien, si abrís un poco la mente y estáis dispuesto a aceptar algo diferente a lo que normalmente se entiende por música, descubriréis un trabajo magnífico, divertidísimo, casi adictivo y que deja en ridículo la mayor parte de la música convencional.
Twin infinitives contiene cuatro pistas, de las cuales tres, a su vez estan subdivididas.
La primera pista contiene cinco piezas. Solid gold teeth es un ejemplo de punk demencial, con videojuego de fondo, cantado por un borracho. Ice cream es la canción de amor más absurda y deforme que pueda imaginarse, con un punteo de guitarra espantoso y divertidísimo. Jet Pet suenan como los Led Zeppelin al borde del coma etílico y tocando desde el interior de una tinaja. Rtx-usa es hard rock que parece tocado por niños aporreando instrumentos, y Kool down wheels es una balada desafinada.
La segunda pista contiene tres piezas. Chances are the comet in the future es una peculiar visión del rock espacial y del apocalipsis "cantada" a dos voces. Yin Jim versus the comet, su continuación, es una versión surrealista del estilo de los Velvet Underground. Osiris es oscura y misteriosa, pero no por ello menos hilarante
La tercera pista solo contiene (Edge of the)Ape Dove. Es la más ambiciosa y elaborada del disco. Empieza con una mezcla de percusión africana, atonalidad, sonidos industriales y voz robótica. Después aparece una guitarra "metal" acompañada sucesivamente por una recitación casi infantil, un raga hindú, y un grito del inframundo, para desembocar en un ahogado rock duro.
La cuarta pista se divide en cinco piezas. Florida avenue theme es puro ruido que imita el tráfico de la ciudad. Lick my boots es una versión dadaísta del country. Funky son es una composición arrítmica y amorfa, montada sobre una caja de ritmos supuestamente bailable y con cantos fantasmales. Ratcreeps es una melancólica canción con guitarra chillona y ritmos que aturden. NY avenue bridge es uno de los mejores ejemplos del inmenso talento del grupo; una contundente pieza de piano y voz que es una especie de reverso tenebroso de la música de Broadway.
Evidentemente, es una música díficil y en la que cuesta entrar, pero si lo hacéis veréis que merece la pena...sólo requiere una mente y un oído abiertos. Se trata del trabajo de unos locos, pero unos locos geniales... Además os debéis ir preparando para Captain Beefheart.
jueves, 10 de mayo de 2012
martes, 8 de mayo de 2012
El hombre con una cámara de cine (Dziga Vertov, 1929)
La película que comento ni siquiera tiene un título en español. El que encabeza el artículo es una traducción del título en inglés que le asigno el Instituto Británico de Cine. Es una de esas raras joyas que uno encuentra a base de sumergirte en las páginas de especialistas y sitios similares. En este caso lo de "joya rara" se queda corta, pues no es rara sino rarísima, lo que si es una joya.
Empecemos por el principio. ¿Cual es el propósito de esta película tan atípica? Yo diria que doble, uno cinematográfico, el principal, y otro extra-cinematográfico, secundario, pero muy curioso.
Esta película es básicamente un ejercicio formal. Su director explicitamente declara que quiere hacer un experimento, que consiste en dar al cine un lenguaje propio, alejado del teatro y de la literatura. Es decir, básicamente se trata de una película no narrativa. No va a recurrir ni a guión, ni a escenarios, ni a actores: se va a limitar a filmar la vida de la ciudad. Esto que, en teoría, debería dar un tostón infumable, origina una obra divertidísima, brillante, sorprendente y asombrosa. Liberado de la narrativa, el cine demuestra todo su potencial para trabajar con el tiempo: comprimirlo, expandirlo, duplicarlo,... y con el movimiento. En el fondo la película es una gran coreografía cuyos bailarines son los elementos de la sociedad industrial de comienzos del siglo pasado. También la cámara resulta ser un testigo privilegiado de la vida cotidiana: los rostros, los gestos, el trabajo, el deporte. Con todos estos elementos el autor juega a su antojo y utiliza todos los recursos de su época: la cámara rápida, lenta, animación... Pero lo de menos es lo que Vertov toma, lo importante es lo que aporta. Esta película contiene un montón de hallazgos que marcarán la historia del cine y lo convertirán en un arte autónomo, con personalidad propia. Basicamente, estos hallazgos tienen que ver con el uso de la perspectiva y del montaje. Diréis que estoy diciendo algo evidente, pues lo que define una película es precisamente esto, pero recordad que estamos hablando del año 29, y que si esto lo sabemos es, en gran parte a esta película. En definitiva, Vertov muestra que sobre todo trabajar en el cine, es trabajar con el tiempo. El gran Tarkovsky, también soviético, continuará la idea.
La segunda intención es glorificar la sociedad industrial y sobre todo a la Unión Soviética y sus grandes logros: la industria, la modernidad, la liberación de la mujer, el estudio y el deporte universales.... No entro a analizar esto, simplemente me limito a constatar lo que creo que es la intención del autor.
En resumen, una película alucinante, divertida y original, de un vanguardismo absoluta, a pesar de que casi tiene un siglo. Creo que no exagero mucho si digo que probablemente haya sido una de las películas más determinantes para hacer del cine lo que hoy es... y por eso su olvido me parece incomprensible. Dado que es una obra formal, evidentemente no es para el gran público, pero es que tampoco he leído sobre ella en los sesudos críticos... En cualquier caso, cada día me parece más cuestionable eso de que Ciudadano Kane ha sido la película más original e innovadora de la historia...¡Cuánto deslumbramiento por Hollywood!
Sólo se me ocurre una pega...¿Dónde está la naturaleza? ¡Ah!, olvidaba que las máquinas también nos deslumbran.
Empecemos por el principio. ¿Cual es el propósito de esta película tan atípica? Yo diria que doble, uno cinematográfico, el principal, y otro extra-cinematográfico, secundario, pero muy curioso.
Esta película es básicamente un ejercicio formal. Su director explicitamente declara que quiere hacer un experimento, que consiste en dar al cine un lenguaje propio, alejado del teatro y de la literatura. Es decir, básicamente se trata de una película no narrativa. No va a recurrir ni a guión, ni a escenarios, ni a actores: se va a limitar a filmar la vida de la ciudad. Esto que, en teoría, debería dar un tostón infumable, origina una obra divertidísima, brillante, sorprendente y asombrosa. Liberado de la narrativa, el cine demuestra todo su potencial para trabajar con el tiempo: comprimirlo, expandirlo, duplicarlo,... y con el movimiento. En el fondo la película es una gran coreografía cuyos bailarines son los elementos de la sociedad industrial de comienzos del siglo pasado. También la cámara resulta ser un testigo privilegiado de la vida cotidiana: los rostros, los gestos, el trabajo, el deporte. Con todos estos elementos el autor juega a su antojo y utiliza todos los recursos de su época: la cámara rápida, lenta, animación... Pero lo de menos es lo que Vertov toma, lo importante es lo que aporta. Esta película contiene un montón de hallazgos que marcarán la historia del cine y lo convertirán en un arte autónomo, con personalidad propia. Basicamente, estos hallazgos tienen que ver con el uso de la perspectiva y del montaje. Diréis que estoy diciendo algo evidente, pues lo que define una película es precisamente esto, pero recordad que estamos hablando del año 29, y que si esto lo sabemos es, en gran parte a esta película. En definitiva, Vertov muestra que sobre todo trabajar en el cine, es trabajar con el tiempo. El gran Tarkovsky, también soviético, continuará la idea.
La segunda intención es glorificar la sociedad industrial y sobre todo a la Unión Soviética y sus grandes logros: la industria, la modernidad, la liberación de la mujer, el estudio y el deporte universales.... No entro a analizar esto, simplemente me limito a constatar lo que creo que es la intención del autor.
En resumen, una película alucinante, divertida y original, de un vanguardismo absoluta, a pesar de que casi tiene un siglo. Creo que no exagero mucho si digo que probablemente haya sido una de las películas más determinantes para hacer del cine lo que hoy es... y por eso su olvido me parece incomprensible. Dado que es una obra formal, evidentemente no es para el gran público, pero es que tampoco he leído sobre ella en los sesudos críticos... En cualquier caso, cada día me parece más cuestionable eso de que Ciudadano Kane ha sido la película más original e innovadora de la historia...¡Cuánto deslumbramiento por Hollywood!
Sólo se me ocurre una pega...¿Dónde está la naturaleza? ¡Ah!, olvidaba que las máquinas también nos deslumbran.
lunes, 7 de mayo de 2012
La muerte tenía un precio (Sergio Leone, 1965)
Segunda parte de la trilogía del dolar, el gran riesgo que corrió Sergio Leone a la hora de realizar La muerte tenía un precio era volver a hacer Por un puñado de dólares. Este peligro era más que real si tenemos en cuenta que ambas películas comparten actores, escenarios y que el estilo de Sergio Leone de los más personales que se han dado en la historia del cine.
Evidentemente, entre ambas hay un gran aire de familia, cosa que el propio director y guionista incorpora a la película, adelantándose a las posibles críticas (quien esté atento a una frase del final de la película me entenderá). Por utilizar una metáfora es el parecido que habría entre dos hermanas, siendo La muerte tenía un precio la mayor. La trama es más compleja, hay mas escenarios y es notablemente más larga. Si una de las grandes virtudes de la primera era su sencillez, la segunda es más barroca. Son continuos los giros de guión, las sorpresas, los finales que se prologan, etc. Asimismo, introduce lo que llamo "el preludio musical a la muerte", recurso imitado hasta la saciedad en posteriores films. Al contrario que en la primera, no se trata de hablar sobre un engaño, sino de alguna forma de engañar continuamente al espectador. Con este recurso, Sergio Leone está más de una vez a punto de cansarnos, pero como el gran maestro que es sabe colocar esa secuencia magistral en el momento justo para que todos nos reenganchemos de nuevo.
¿Es mejor que la primera? Es difícil decirlo. Ya confesé mi debilidad por Por un puñado de dólares precisamente por su sencillez y concisión en la trama, que contrapesaba el estilo barroco de su director. En esta trama y estilo son complicadas, lo que podría ser un defecto. Pero Leone lo compensa con creces gracias a su virtuosismo. Si en la primera lo duelos eran grandiosos, aquí alcanzan la perfección, su estilo se ha depurado tanto que pueden mantenerse y mantenerse sin que el respetable se canse. Y cuando parecen que no pueden dar más de sí, lo hacen, con momentos que te ponen literalmente los bellos de punta.
Esta película es mucho más "Leone", que la anterior, en la había una gran influencia de los elementos "Kurosawa". Es más épica y me atrevo a decir que es la película del oeste por antonomasia, y probablemente una de las más influyentes en la historia del cine: no hay más que ver cualquier película de Tarantino, por no hablar de su influencia en otras artes como el cómic o el manga. También tiene más elementos humorísticos y por momentos es muy graciosa.
Una obra maestra que sigue hoy tan vigente como cuando se estrenó hace casi 50 años (no hay más que ver la magnífica y divertidísima Rango, de Gore Verbinsky, 2011), y que tiene algunas de las mejores secuencias que se han filmado nunca y una de las mejores partituras que se han oído en la gran pantalla.
Evidentemente, entre ambas hay un gran aire de familia, cosa que el propio director y guionista incorpora a la película, adelantándose a las posibles críticas (quien esté atento a una frase del final de la película me entenderá). Por utilizar una metáfora es el parecido que habría entre dos hermanas, siendo La muerte tenía un precio la mayor. La trama es más compleja, hay mas escenarios y es notablemente más larga. Si una de las grandes virtudes de la primera era su sencillez, la segunda es más barroca. Son continuos los giros de guión, las sorpresas, los finales que se prologan, etc. Asimismo, introduce lo que llamo "el preludio musical a la muerte", recurso imitado hasta la saciedad en posteriores films. Al contrario que en la primera, no se trata de hablar sobre un engaño, sino de alguna forma de engañar continuamente al espectador. Con este recurso, Sergio Leone está más de una vez a punto de cansarnos, pero como el gran maestro que es sabe colocar esa secuencia magistral en el momento justo para que todos nos reenganchemos de nuevo.
¿Es mejor que la primera? Es difícil decirlo. Ya confesé mi debilidad por Por un puñado de dólares precisamente por su sencillez y concisión en la trama, que contrapesaba el estilo barroco de su director. En esta trama y estilo son complicadas, lo que podría ser un defecto. Pero Leone lo compensa con creces gracias a su virtuosismo. Si en la primera lo duelos eran grandiosos, aquí alcanzan la perfección, su estilo se ha depurado tanto que pueden mantenerse y mantenerse sin que el respetable se canse. Y cuando parecen que no pueden dar más de sí, lo hacen, con momentos que te ponen literalmente los bellos de punta.
Esta película es mucho más "Leone", que la anterior, en la había una gran influencia de los elementos "Kurosawa". Es más épica y me atrevo a decir que es la película del oeste por antonomasia, y probablemente una de las más influyentes en la historia del cine: no hay más que ver cualquier película de Tarantino, por no hablar de su influencia en otras artes como el cómic o el manga. También tiene más elementos humorísticos y por momentos es muy graciosa.
Una obra maestra que sigue hoy tan vigente como cuando se estrenó hace casi 50 años (no hay más que ver la magnífica y divertidísima Rango, de Gore Verbinsky, 2011), y que tiene algunas de las mejores secuencias que se han filmado nunca y una de las mejores partituras que se han oído en la gran pantalla.
sábado, 5 de mayo de 2012
Por un puñado de dolares (Sergio Leone, 1964)
No es exagerado decir que el gran Clint Eastwood tuvo que emigrar para triunfar. Sin interpretar papeles de relevancia en su país, lo contrataron en una revisión muy particular del western de producción italo-española, que despectivamente se llamo "spaghetti western". Aunque se trate de un género execrable, que dio lugar a películas malas de solemnidad, la trilogía fundacional: Por un puñado de dolares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo, son verdaderas obras maestras, y películas que han superado lo meramente cinematográfico para convertirse en verdaderos iconos de la cultura popular.
La primera de ellas ya marca distancias con el western norteamericano clásico. El ambiente es mucho más sucio y violento, apenas hay rastro de heroísmo, sino que sus personajes se mueven por su propio interés, y los rasgos estilísticos que hacen del cine de Leone algo único e irrepetible ya están ahí, aunque probablemente en las siguientes películas dicho estilo se acentúe.
No estoy en condiciones de comparar cabalmente Por un puñado de dolares con sus dos sucesoras. Sin embargo, siento por ella una debilidad especial. Es la más sencilla en su historia y en su estilo. Introduce al hombre sin pasado como héroe. Alguien del que no sabremos nada, salvo pequeñas pinceladas que más que informar desconciertan, y que se caracteriza por su amoralidad, aunque sea capaz de actos virtuosos, más por recuerdo de lo que una vez fue que por quién realmente es. Habla poco y dispara mucho y su manejo del revolver es casi sobrenatural.
La trama está inspirada en una película del gran Kurosawa, en la que nuestro protagonista sirve simultáneamente a dos bandas rivales, sembrando la confusión y la cizaña entre ellas y beneficiándose de la situación. Una historia tan efectiva como sencilla.
Pero si algo que defina a esta película es el peculiar estilo de Leone, que difiere completamente del western clásico. Gusta de los primeros planos y del montaje vertiginoso. A menudo percibimos lo narrado a través de las miradas de los protagonistas. Donde el estilo llega a su cénit es en los duelos, verdadera marca de la casa. Son coreografías de movimientos lentos, rostros y ojos que se cruzan y retan, y que por un momento se detienen ingrávidamente, para resolverse vertiginosamente, como un acto ya consumado. Nadie ha rodado jamás duelos semejantes sin caer en el ridículo o la parodia.
Por la tanto, la historia, los personajes y sobre todo, el modo en que se cuentan, dotan a la obra de un cierto carácter irreal y casi mítico.
Depreciada en su época, Por un puñado de dolares y sus sucesoras ocupan hoy el lugar que les corresponde: entre las obras maestras que marcaron época.
No me olvido de la música de Ennio Morricone, ingrediente fundamental del cocktail, que sustituye la épica por la ironía y que con su inmenso talento ha creado una obra que trasciende lo cinematográfico para convertirse en patrimonio de la humanidad
La primera de ellas ya marca distancias con el western norteamericano clásico. El ambiente es mucho más sucio y violento, apenas hay rastro de heroísmo, sino que sus personajes se mueven por su propio interés, y los rasgos estilísticos que hacen del cine de Leone algo único e irrepetible ya están ahí, aunque probablemente en las siguientes películas dicho estilo se acentúe.
No estoy en condiciones de comparar cabalmente Por un puñado de dolares con sus dos sucesoras. Sin embargo, siento por ella una debilidad especial. Es la más sencilla en su historia y en su estilo. Introduce al hombre sin pasado como héroe. Alguien del que no sabremos nada, salvo pequeñas pinceladas que más que informar desconciertan, y que se caracteriza por su amoralidad, aunque sea capaz de actos virtuosos, más por recuerdo de lo que una vez fue que por quién realmente es. Habla poco y dispara mucho y su manejo del revolver es casi sobrenatural.
La trama está inspirada en una película del gran Kurosawa, en la que nuestro protagonista sirve simultáneamente a dos bandas rivales, sembrando la confusión y la cizaña entre ellas y beneficiándose de la situación. Una historia tan efectiva como sencilla.
Pero si algo que defina a esta película es el peculiar estilo de Leone, que difiere completamente del western clásico. Gusta de los primeros planos y del montaje vertiginoso. A menudo percibimos lo narrado a través de las miradas de los protagonistas. Donde el estilo llega a su cénit es en los duelos, verdadera marca de la casa. Son coreografías de movimientos lentos, rostros y ojos que se cruzan y retan, y que por un momento se detienen ingrávidamente, para resolverse vertiginosamente, como un acto ya consumado. Nadie ha rodado jamás duelos semejantes sin caer en el ridículo o la parodia.
Por la tanto, la historia, los personajes y sobre todo, el modo en que se cuentan, dotan a la obra de un cierto carácter irreal y casi mítico.
Depreciada en su época, Por un puñado de dolares y sus sucesoras ocupan hoy el lugar que les corresponde: entre las obras maestras que marcaron época.
No me olvido de la música de Ennio Morricone, ingrediente fundamental del cocktail, que sustituye la épica por la ironía y que con su inmenso talento ha creado una obra que trasciende lo cinematográfico para convertirse en patrimonio de la humanidad
Vals con Bashir (Ari Folman, 2008)
Una noche, tras casi veinte años sin verse, un viejo amigo cuenta a Ari Folman una pesadilla recurrente. En ella se ve acosado por 26 perros que quieren destrozarlo. Sorprendido por la exactitud en el número de los perros que aparecen Ari pregunta a su amigo cómo puede estar tan seguro de que eran 26, a lo que el amigo responde que fueron los perros que tuvo que matar en la guerra de Líbano. Es entonces cuando el mismo Folman se ve cuestionado, pues no guarda absolutamente ningún recuerdo de esa guerra, en la que él también participó. Esa misma noche a Ari viene, por primera vez en dos décadas, un recuerdo de esa guerra, que el siente relacionado con las terribles matanzas de palestinos en Sabra y Shatila. Desde ese momento ni él ni su mente podrán hallar descanso hasta conocer qué paso exactamente entonces y que papel jugó el propio Ari.
Así podría resumirse el argumento está película bella, valiente, sincera, original y necesaria. Una de las películas más valiosas realizadas en lo que llevamos de siglo. A medio camino entre muchos términos: el documental, la autobiografía, la catarsis personal y colectiva, el dibujo animado, el arte plástico,... Vals con Bashir es un auténtico prodigio que trasciende todos los géneros de los que bebe. Esta película israelí de animación ocupará un lugar destacado en la historia del cine.
Bellísima en su realización y llena de imágenes de una hermosura hipnótica, es una sincera profundización en primera persona en un trauma individual y social. Una reflexión sobre la capacidad de humana autoengaño y nuestra necesidad de verdad, de saber quién somos y qué hicimos.
Aunque fuera una obra de ficción sería una obra maestra, pero siendo como es autobiográfica es un testimonio de una sinceridad y una valentía desarmantes, contada a pecho descubierto. La apuesta de Folman ha sido muy arriesgada, pero el resultado ha sido portentoso.
De obligada visión, no sólo para los amantes del cine, sino para cualquier persona, es la hermana pequeña de Shoah... y no hay mejor alabanza que ésta.
Así podría resumirse el argumento está película bella, valiente, sincera, original y necesaria. Una de las películas más valiosas realizadas en lo que llevamos de siglo. A medio camino entre muchos términos: el documental, la autobiografía, la catarsis personal y colectiva, el dibujo animado, el arte plástico,... Vals con Bashir es un auténtico prodigio que trasciende todos los géneros de los que bebe. Esta película israelí de animación ocupará un lugar destacado en la historia del cine.
Bellísima en su realización y llena de imágenes de una hermosura hipnótica, es una sincera profundización en primera persona en un trauma individual y social. Una reflexión sobre la capacidad de humana autoengaño y nuestra necesidad de verdad, de saber quién somos y qué hicimos.
Aunque fuera una obra de ficción sería una obra maestra, pero siendo como es autobiográfica es un testimonio de una sinceridad y una valentía desarmantes, contada a pecho descubierto. La apuesta de Folman ha sido muy arriesgada, pero el resultado ha sido portentoso.
De obligada visión, no sólo para los amantes del cine, sino para cualquier persona, es la hermana pequeña de Shoah... y no hay mejor alabanza que ésta.
viernes, 4 de mayo de 2012
Gilda (Charles Vidor, 1946)
El cine de lo que se ha dado en llamar la época dorada de Hollywood tiene unas ciertas características que lo hacen reconocible. Por un lado, la historia no son su punto fuerte, aunque sí los diálogos, que son rápidos, ingeniosos, contundentes e irónicos. Con matices, los personajes son estereotipos, el tipo duro de corazón roto, la mujer fatal frágil, y de corazón roto también, el malvado manipulador, el policía pesado y los camareros filósofos. También es reconocible un cierto descrédito hacia la vida y los valores que normalmente la sacralizan: la honradez, el sacrificio, la generosidad, la fidelidad, el amor... es como si fuera una versión glamurosa, pija y edulcorada de la picaresca española. No obstante, la destrucción de los valores no es total, lo que hubiera sido insoportable para la audiencia de la época. Se necesitaron 30 años más para que el cine pudiera ser realmente nihilista.
En definitiva, viendo la mayoría de estos clásicos uno tiene la sensación de estar viendo películas de alguna forma producidas en serie y con una receta fija. Evidentemente, esto se sigue haciendo hoy en día y con mucha peor calidad artística. Y es que si ahora la base son los efectos especiales y el ruido, antes lo eran los diálogos y los actores (o mejor dicho las estrellas), los que constituyen una base mucho más sólida. Se podría discutir mucho sobre la relación y la diferencia entre actor y estrella. Brevemente diremos que una estrella no tiene que ser un actor excepcional, pero si tiene que ser alguien con el suficiente magnetismo para llenar por completo la pantalla y hacer que te olvides del resto. Y evidentemente Ryta Hayworth era una estrella, como Glenn Ford era un excelente actor.
Todo lo dicho es aplicable a Gilda. Es una película notable, pero no por ello deja de ser un divertimento, aunque evidentemente de calidad. Supongo que muchos mitómanos no estarán para nada de acuerdo conmigo, y no les niego la razón. Si les sirve de consuelo les diré que en ningún momento pude apartar la vista de Gilda (quiero decir, Rita Hayworth).
En definitiva, viendo la mayoría de estos clásicos uno tiene la sensación de estar viendo películas de alguna forma producidas en serie y con una receta fija. Evidentemente, esto se sigue haciendo hoy en día y con mucha peor calidad artística. Y es que si ahora la base son los efectos especiales y el ruido, antes lo eran los diálogos y los actores (o mejor dicho las estrellas), los que constituyen una base mucho más sólida. Se podría discutir mucho sobre la relación y la diferencia entre actor y estrella. Brevemente diremos que una estrella no tiene que ser un actor excepcional, pero si tiene que ser alguien con el suficiente magnetismo para llenar por completo la pantalla y hacer que te olvides del resto. Y evidentemente Ryta Hayworth era una estrella, como Glenn Ford era un excelente actor.
Todo lo dicho es aplicable a Gilda. Es una película notable, pero no por ello deja de ser un divertimento, aunque evidentemente de calidad. Supongo que muchos mitómanos no estarán para nada de acuerdo conmigo, y no les niego la razón. Si les sirve de consuelo les diré que en ningún momento pude apartar la vista de Gilda (quiero decir, Rita Hayworth).
jueves, 3 de mayo de 2012
Voces distantes (Terence Davies, 1988)
Una de las mayores satisfacciones que puede experimentar el amante del cine, es descubrir una joya, pequeña, humilde y desconocida. Una de esas películas que nunca aparece en la lista de las más vistas o de las más prestigiosas. Son auténticos tesoros ocultos y descubrirlos te hacen sentir un privilegiado. Es lo que ocurre con Voces distantes. No me preguntéis por la filmografía de su director y guionista, porque me es absolutamente desconocida. Sería fácil recurrir a internet para hacerme el erudito, pero no quiero engañaros. Voy a hablar sólo de lo visto, sentido y oído en la película, que tal vez sea la manera más sincera de opinar de un film.
Voces distantes tiene dos partes claramente diferenciadas. La primera está dominada por la autoritaria y cruel presencia del padre. La segunda narra la tranquila vida de la familia una vez muerto éste.
Sobre todo en su primera parte, la película desiste de todo intento de desarrollo lineal. Son continuos los saltos atrás y adelante en el tiempo, los cambios de lugares y de circunstancias. Cómo veis esto no es ningún hallazgo de Tarantino, y en Voces distantes logra dar a a la historia un carácter lejano y casi onírico, que amortigua la dura realidad, como si se nos hablara a través de los recuerdos de un niño. Otro recurso típico es el plano fijo de los protagonistas mirando a la cámara como brusca transición de una a otra situación, que refuerza la distancia con los sucesos y hacen que la historia parezca contada a través de postales de sus protagonistas.
La segunda parte es más lineal, pero no es por ello ni mucho menos convencional, pues incluso un accidente puede transformarse en una preciosista coreografía. El tema es la vida cotidiana, con sus sabores y sin sabores, y de un modo especial el agridulce amor, precioso y fresco cuando joven, seco y cansado cuando envejece. Y es que la actitud del autor hacia el matrimonio es muy ambivalente.
Esta ambivalencia desaparece cuando se tocan dos puntos: la maternidad y la música. La madre sería el ejemplo de amor puro, incondicional, dulce, fiel y abnegado. Pero si hay algo que ocupe el centro de la narración es la música, y es que Voces distantes es el fondo un musical, no por atípico, menos musical. Es el auténtico hilo conductor de la historia. Lo que hacen con más frecuencia los protagonistas es cantar...así se unen, se divierten, se expresan y se curan. La película es la mayor apología del cantar que he visto...y no se trata de música culta o música industrial, sino de las canciones populares que aprendemos de niño, y que nos configuran como miembros de una sociedad y, sobre todo, como individuos, pues al cantar interiorizamos lo cantado. La música sería el mejor, por no decir el único aliado en este valle de lágrimas que es la vida.
Alguna vez he oído que la calidad humana de una sociedad y su alegría pueden medirse por lo que sus miembros cantan...viendo la película me he tomado esta teoría muy en serio. En ese caso, nosotros, vamos bien fritos, porque aquí no cantan ni las ranas. Y ya lo dice el refrán "quien canta su mal espanta" y San agustín, que no era precisamente un esteta afirmaba que cantar era rezar dos veces.
No perdáis la oportunidad de ver esta pequeña y sensible maravilla de apenas hora y cuarto de duración.
Voces distantes tiene dos partes claramente diferenciadas. La primera está dominada por la autoritaria y cruel presencia del padre. La segunda narra la tranquila vida de la familia una vez muerto éste.
Sobre todo en su primera parte, la película desiste de todo intento de desarrollo lineal. Son continuos los saltos atrás y adelante en el tiempo, los cambios de lugares y de circunstancias. Cómo veis esto no es ningún hallazgo de Tarantino, y en Voces distantes logra dar a a la historia un carácter lejano y casi onírico, que amortigua la dura realidad, como si se nos hablara a través de los recuerdos de un niño. Otro recurso típico es el plano fijo de los protagonistas mirando a la cámara como brusca transición de una a otra situación, que refuerza la distancia con los sucesos y hacen que la historia parezca contada a través de postales de sus protagonistas.
La segunda parte es más lineal, pero no es por ello ni mucho menos convencional, pues incluso un accidente puede transformarse en una preciosista coreografía. El tema es la vida cotidiana, con sus sabores y sin sabores, y de un modo especial el agridulce amor, precioso y fresco cuando joven, seco y cansado cuando envejece. Y es que la actitud del autor hacia el matrimonio es muy ambivalente.
Esta ambivalencia desaparece cuando se tocan dos puntos: la maternidad y la música. La madre sería el ejemplo de amor puro, incondicional, dulce, fiel y abnegado. Pero si hay algo que ocupe el centro de la narración es la música, y es que Voces distantes es el fondo un musical, no por atípico, menos musical. Es el auténtico hilo conductor de la historia. Lo que hacen con más frecuencia los protagonistas es cantar...así se unen, se divierten, se expresan y se curan. La película es la mayor apología del cantar que he visto...y no se trata de música culta o música industrial, sino de las canciones populares que aprendemos de niño, y que nos configuran como miembros de una sociedad y, sobre todo, como individuos, pues al cantar interiorizamos lo cantado. La música sería el mejor, por no decir el único aliado en este valle de lágrimas que es la vida.
Alguna vez he oído que la calidad humana de una sociedad y su alegría pueden medirse por lo que sus miembros cantan...viendo la película me he tomado esta teoría muy en serio. En ese caso, nosotros, vamos bien fritos, porque aquí no cantan ni las ranas. Y ya lo dice el refrán "quien canta su mal espanta" y San agustín, que no era precisamente un esteta afirmaba que cantar era rezar dos veces.
No perdáis la oportunidad de ver esta pequeña y sensible maravilla de apenas hora y cuarto de duración.
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